domingo, 16 de octubre de 2011

La caracola

Caminó en medio de la sombría habitación en dirección a la chimenea. Las llamas que iluminaban el lugar apenas servían para distinguir las formas de los objetos. Con cierta actitud ceremonial tomó una pequeña caja de madera y la observó, acariciando el delicado grabado sobre su superficie. Cerró los ojos por un momento evitando derramar una lágrima. Cuando los abrió, sus ojos seguían vidriosos.
Con lentitud levantó la tapa de la caja y sacó de su interior una caracola. Dejó la caja sobre la chimenea y acercó la concha a su oído. El espíritu marino le transportó por un momento a la orilla de una playa casi desértica. Casi, porque junto a él, se encontraba otra persona. Una morena de ojos verdiazules caminaba a su lado escuchando los sonidos de las olas. De pronto se detuvo y recogió una pequeña caracola. Sonrió admirándola y se la regaló a él, dándole un pequeño beso en los labios.
Se llevó un dedo a los labios. Tantos años desde aquello, desde que el mar se la había llevado al caer desde una roca. Pero su espíritu seguía ahí, viviendo en esa pequeña caracola, transportandolo al atardecer en que le juró que la amaría mientras sostenía en una mano la caracola y con la otra abrazaba su cintura.
Cerró nuevamente los ojos. Vio un par de ojos verdiazules sonriéndole mientras sentía la calidez de un beso en sus labios.

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