lunes, 25 de julio de 2011

Brujeria

La bruja me aseguró que iba a ser fácil. Que solo dolería un momento, y luego nunca más volvería a sufrir. Con el convencimiento de que no tenía nada que perder, una noche de luna llena fui a su choza. Me recibió salameramente en una habitación mohosa con una chimenea que a penas servía para iluminar. "Desnudate" me dijo. Obedecí lentamente, repitiendo en mi cabeza que no tenía nada que perder. Se acercó con una sonrisa torcida y puso su mano en mi pecho. Lentamente sentí como extraía una pequeña esfera de mi interior. "Listo, ya puedes vestirte". Había algo distinto que no acababa de precisar. Era como si dentro de mí solo hubiera un mar tranquilo y oscuro. El frío que me dominaba logró que rápidamente estuviera vestida. Sin embargo, alcancé a notar que mi cuerpo se había vuelto tan blanco como la luna que brillaba afuera. "Un efecto secundario" dijo, antes de que pudiera preguntar. "En todo caso, te sienta bien". No respondí. Le pregunté cuanto le debía y me dijo que nada. Que conservar mi corazón era suficiente paga.
Cuando atravesé la puerta de la vieja choza, escuche una risa que hubiera estremecido a cualquier otro, menos a mí. Para mí solo era el sonido de la libertad.

sábado, 23 de julio de 2011

Complicidad

Sus ojos negros miraban lenta y distraídamente el interior del vagón mientras cruzaba las puertas. Cuando se encontraron con los míos, sentí un cosquilleo y aparté la vista. La oscuridad exterior era interrumpida por pequeñas luces alineadas en la pared del túnel. Sin embargo, la tentación fue más grande que la vergüenza y lo espié por el reflejo de la ventana. Miraba por la otra ventana a las personas del andén vecino. Suspiré. El asiento de en frente se desocupó y me sente de espaldas a mi desconocido amigo. Entonces, ocurrió algo extraño. Sentí como un par de manos, suave pero decididamente, comenzaban a acariciarme el pelo. No necesité voltear la cabeza para saber que era él. El corazón me latía con fuerzas y mi respiración se aceleró. Quería gritarle mi nombre, gritarle que lo amaba, que me llevará con él. Pero el destino es cruel y cuando el tren se detuvo, supe que el fin había llegado. Triste y lentamente me levanté y pasé a su lado. Junté un poco de coraje y me atreví a levantar la mirada, justo a tiempo para ver como me sonreía. Respondí tímidamente a la sonrisa y corrí antes de que las puertas se cerraran. Ya en el andén, vi por la ventana como él me seguía sonriendo. Entonces el tren partió, llevándose con él una sonrisa que no volveré a ver más que en sueños.

domingo, 10 de julio de 2011

Camino a Nunca Jamás

Pasas un tercio de tu vida durmiendo
y te niegas a soñar.
Matando hadas no llegarás muy lejos.

Cierra tus ojos, abre tus brazos,
corre, salta y vuela.
No caerás mientras creas en ti.

Tus fantasías ocualtas son más dulces
que la mejor miel.
¿Por qué insistes en negarlas?

Somos piratas saltando en las nubes.
Robando rayos al sol.
Nuestras manos brillan pecadoras.

Unidos a cadenas, ansiamos libertad.
La llave es tu sueño.
Mentes atadas que quieren volar.

Toma mi mano y busquemos el camino
que nos lleve a Nunca Jamás.
Perdámonos en el horizonte
para no volver más.
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