La bruja me aseguró que iba a ser fácil. Que solo dolería un momento, y luego nunca más volvería a sufrir. Con el convencimiento de que no tenía nada que perder, una noche de luna llena fui a su choza. Me recibió salameramente en una habitación mohosa con una chimenea que a penas servía para iluminar. "Desnudate" me dijo. Obedecí lentamente, repitiendo en mi cabeza que no tenía nada que perder. Se acercó con una sonrisa torcida y puso su mano en mi pecho. Lentamente sentí como extraía una pequeña esfera de mi interior. "Listo, ya puedes vestirte". Había algo distinto que no acababa de precisar. Era como si dentro de mí solo hubiera un mar tranquilo y oscuro. El frío que me dominaba logró que rápidamente estuviera vestida. Sin embargo, alcancé a notar que mi cuerpo se había vuelto tan blanco como la luna que brillaba afuera. "Un efecto secundario" dijo, antes de que pudiera preguntar. "En todo caso, te sienta bien". No respondí. Le pregunté cuanto le debía y me dijo que nada. Que conservar mi corazón era suficiente paga.
Cuando atravesé la puerta de la vieja choza, escuche una risa que hubiera estremecido a cualquier otro, menos a mí. Para mí solo era el sonido de la libertad.

Una mezcla de fantasía con espiritismo, interesante propuesta :)
ResponderEliminarCuando leí el relato me sentí un poco preocupado, no sea que ese tipo de magia exista...
Porque me gustaría conservar mi corazón :(
Bueno, en la fantasia existe. Para la realidad esta historia tiene dos interpretaciones completamente distintas. Encuentrelas ud o pregunte por interno :)
ResponderEliminar