Los últimos minutos antes de caer los pasó recordando su infancia. Su vida no había sido precisamente fácil, pero recordaba haber sido feliz. Con el paso del tiempo comenzó a cambiar y ya no sonreía tan a menudo. Caminaba sin compañía por la aldea, recorriendo sus cultivos, sus montes, sus pequeñas lagunas. Un día simplemente subió una montaña como tantas otras y se perdió. Intentó volver y solo encontraba más y más montañas por todos lados. Vio un pequeño sendero a lo lejos y confió en que la llevaría a su casa. Nunca volvió.
Comenzó a caer. Las lágrimas en su rostro se mezclaban con el agua de la cascada, impidiendole ver bien. Sin embargo, con los ojos semicerrados logró distinguir una forma acuosa y verde. Abrió los ojos completamente, sintiendose burlada por el destino. Bajo ella, había un hermoso valle.
¿Y ahora qué? ¿Morir, viendo la esperanza de volver a su tierra? Sin embargo...¿Cómo salir de allí?
Su salvación vino 10 metros después. Una roca filosa sobresalía de la cascada. Se afirmó con todas sus fuerzas a ella, sintiendo como su mano sangraba y sus dedos se aplastaban.
Pero tenía una esperanza. Quería vivir. Y lucharía con todas sus fuerzas por ello.

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