La noche era fresca. Las estrellas le orientaron a través del campo hasta llegar a la cumbre de un elevado monte. Podía sentir un aura distinto en aquél lugar. Las estrellas casi parecían estar al alcance de la mano. Ahora sólo debía esperar. No pasó demasiado tiempo hasta que por fin la vio. Una estrella fugaz cruzó el cielo nocturno y pidió el deseo. Pidió dejar atrás su pasado, con sus sueños frustrados y traumas. Pidió dejar atrás su cuerpo condenado a una muerte decadente e inútil. Pidió dejar atrás el recuerdo de todos aquellos que le conocieron y que pronto le olvidarían. Quería romper las cadenas de la conciencia y perderse en la placidez de la existencia de los que viven y dan vida. Entonces sufrió la metamorfosis.
Primero la sintió como un ligero cosquilleo en sus extremidades, que se fue trasladando a su pecho y su estómago. Sintió como su piel se endurecía mientras su cuerpo comenzaba a estirarse. Empezó a escuchar un zumbido dentro de su cabeza que con cada segundo se intensificaba hasta hacerle perder el conocimiento. Entonces dejo de ser.
Cuando los rayos del nuevo día se filtraron en el horizonte, iluminaron los primeros frutos de un árbol nunca antes visto, pues era el resultado de la suma entre el deseo de un hombre y la magia de una estrella.

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