sábado, 2 de abril de 2011

La cordillera. Parte 4

Sentada a la orilla del rio, con los pies sumergidos, meditaba. Las primeras luces del alba se llevaron todas las dudas que le quedaban. Tomo impulso con sus brazos y se dejo caer.
Sentía como la corriente la arrastraba con dificultad. Sus ropas, mojadas, pesaban demasiado. A menudo se enganchaban en piedras y le impedían, tal como en tierra, avanzar con normalidad. Suspiró. Tenía dos opciones. La primera consistía en nadar hasta la orilla y vagar, sin un rumbo establecido, esquivando el río. La segunda, igual de arriesgada, consistía en...Lo decidió. Poco a poco fue dejando su ropa a merced de la corriente, hasta que toda su piel sintio el contacto directo de las aguas. Notó que era trasladada fácilmente, y que ya no le era necesario esforzarse en avanzar. Cerró los ojos, dispuesta a descansar. La corriente le llevaba a un detino, pero ¿tenía alguna idea de a donde exactamente?

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