sábado, 2 de abril de 2011

La llamada


3 horas y 47 minutos. Los segundos se arrastraban. Llovía fuertemente. O al menos, eso escuchaba. Tenía las cortinas cerradas, evitando que se filtrara el mas mínimo haz de luz. Lo único que rompía, de forma intermitente, la oscuridad que inundaba la habitación, era la pantalla tenuemente iluminada de su celular. 3 horas y 44 minutos. Se puso a tararear una canción . Un trueno la interrumpió a mitad del coro. En un acto instintivo, buscó protección con su mirada, mas lo único que encontró fueron sombras. Aquello no era mas que un reflejo de su interior. Una sensación de abandono la asfixió. Comenzó a llorar en silencio, tirada en posicion fetal sobre el piso de madera. Sacó el celular de su bolsillo y vio, borrosos, los dígitos del reloj. 3 horas y 36 minutos. Aquello no hizo mas que empeorarlo. Lanzó un grito y lloró con más ganas, alternando periodos de sollozos con otros de gritos desgarradores. En su mente se amontonaban recuerdos, imágenes, palabras y sonidos. Creyó sentir, incluso, un aroma imposible en aquel momento. Se abrazó en el suelo, convulsa. Tras un tiempo que le pareció eterno logro calmarse. Desesperanzada vio la hora. 3 horas y 9 minutos. Suspiró. La fecha limite se acercaba, lenta, como si le concediese la oportunidad de que algo cambiase. Pero pasaban los minutos y nada ocurría. Cerró los ojos y se quedó dormida.
Despertó, y en un acto mecánico miró su celular. ¡4 minutos! Aquello, mas que alegrarla, la desconcertó. A pesar de que había planificado todo, el ver tan cerca la hora de su fin le dio escalofríos. Se cuestionó lo radical de su desición. Entonces, como para convencerse de su propio exterminio, realizó una mirada a su pasado. Fue bastante convincente. Se recostó sobre su cama y tanteó en la mesita de noche, hasta que sus dedos toparon con algo frío y pesado. Tomó la pistola que había hurtado y se la colocó en un costado de la cabeza. Respiró ondo y puso su mano en el gatillo.
Le dio una última oportunidad al destino de cambiarlo todo. Afuera seguía lloviendo y en su habitación no se escuchaban mas que las gotas de lluvia rebotando en el techo. Apretó los ojos. Un trueno ocultó el sonido del disparo. Y entonces, el celular comenzó a vibrar...

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