Aves que corren agitando alas rotas,
quemando sus pies al tocar el cemento.
Aspiran el aire, respiran veneno.
Es su mundo, es su reino.
Naturaleza muerta revitalizante,
les da motivos para seguir viviendo,
mientras por dentro se pudren en silencio.
No se ve. No es real. No lo creo.
Sus plumas se tiñen de gris,
de sangre y de arboles muertos.
Los colores se los lleva el viento.
Yo me quedo con el resto.
Huele a tristeza en el aire.
A suicidios, abortos y dolores.
A golpes, violaciones y temores.
Huele a sexo, huele a mierda, huele a horrores.
Oculta en el fondo del acero
una pizca de vida se mantiene.
Sobrevive, o lo intenta por lo menos.
Aunque luego, al final, nos lamentemos
de que solo la esperanza no nos llene.

No hay comentarios:
Publicar un comentario