viernes, 15 de abril de 2011

Su sonrisa

En las tardes acostumbraba salir a caminar sólo. Nunca le conocí compañía alguna, al menos en el barrio. Quizás, por eso, siempre se le veía triste, absorto en pensamientos de quién sabe que índole.
Un par de veces le saludé sin repuesta, y luego perdí las esperanzas. Por eso me llamó la atención que aquél día me saludara tan alegre, como si nos conociésemos de toda la vida. Al día siguiente caminamos dos cuadras y al poco tiempo ya era habitual que saliésemos juntos.
A pesar de ésto, nunca llegué a saber de él más que su nombre de pila, si es que me dio su nombre real. Todo en él parecía un poco falso, un poco forzado, un poco planificado. Es cómo si estuviese viviendo la vida de alguien más. No lo sé, es difícil de explicar.
La desconfianza fue creciendo y le encaré. Sólo respondía incoherencias, sin cambiar nunca esa estúpida sonrisa de su rostro. Decidí alejarme de él, mas parecía no importarle. Seguía paseando al atardecer, saludando a cuanta persona encontrara en su camino.
El otro día me encontré con él. Sonreía con la mirada fija en mí. Pasé a su lado sin saludarlo. Su mirada seguía fija, y una lágrima resbaló por su mejilla.

1 comentario:

  1. La incontenible curiosidad del ser humano a veces nos hace desconfiar y perder a personas que no pueden entregar lo mas preciado de una linda amistad... Los pequeños gratos momentos en buena compañia.

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