Invocando fantasmas
en la noche tenebrosa.
Llega la máscara blanca
con sus ojos amarillos,
con su sonrisa macabra
y su mirada de muerte.
Llega la sombra negra
con su presencia asfixiante,
con mi escalofrío en la espalda
y el temblor en las manos.
Llegan también al encuentro
los pasos perdidos de nadie,
el murmullo apagado de alguien
y aquel grito desarrador, tu sabes.
Y danzan en círculo las malditas
con sus jugarretas demoniacas
arrastrandome a la locura
haciendo que mi corazon se descontrole.
Hasta que finalmente
me quiebro como cristal
quedando como alma en pena
por no saber juzgar.
Y darme cuenta que es mejor no jugar
en las noches tenebrosas.

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